Las invenciones laborales: el caso Nakamura

Introducción

Si un empleado inventa algo, ¿de quién es el derecho a la patente? La Ley de Patentes establece el principio general de que el derecho a la patente pertenece al inventor. Sin embargo, la mayoría de las patentes se producen en el ámbito de una relación laboral y en estos casos el derecho a las patentes pertenecerá, en general, a la empresa, sin perjuicio de una posible compensación económica al empleado y de su derecho moral a ser nombrado como inventor en los documentos de patente. Como pueden imaginarse, en este asunto de la compensación económica no suele ser fácil poner de acuerdo a empresa  e inventor. De hecho, puede haber muchos ordenes de magnitud de diferencia entre las compensaciones que la empresa y el inventor consideran como adecuadas, como veremos en el caso Nakamura.

Soy Nakamura, pero otro.

Tipos de invenciones laborales en España (Título IV Ley de Patentes)

Invenciones pertenecientes a la empresa o  “de encargo” (art.15): aquellas realizadas por el trabajador durante su relación laboral que sean fruto de una actividad de investigación constitutiva del objeto de su contrato. El inventor podría tener derecho a una remuneración complementaria, pero la ley sitúa el listón muy alto, tanto que no hay constancia de que nadie lo haya superado. En concreto, la remuneración complementaria solo procederá cuando la aportación personal del inventor y la importancia de la invención para la empresa haya excedido de manera evidente el contenido del contrato de trabajo.

Invenciones asumibles por la empresa o “de experiencia” (art.17):aquellas realizadas por el trabajador relacionadas con su actividad profesional y en cuya obtención hubieran influido predominantemente conocimientos adquiridos dentro de la empresa o la utilización de medios proporcionados por ésta. El empresario tendrá derecho a asumir la titularidad de la invención o a reservarse un derecho de utilización de la misma. Si así lo hiciera, el trabajador tendrá derecho a una compensación económica, fijada en atención a la importancia del invento y teniendo en cuenta el valor de los medios o conocimientos facilitados por la empresa y las aportaciones propias del trabajador.

Invenciones pertenecientes al trabajador  o “libres” (art. 16): en el resto de casos. No obstante, las solicitudes de patente presentadas dentro del año siguiente a la extinción de la relación de trabajos o de servicios podrán ser reclamadas por el empresario.

Si trabajador o empresa no llegan a un acuerdo en relación con una invención laboral, antes de acudir a los tribunales, deben someter la controversia a una comisión de conciliación que se constituirá en la OEPM.

El trabajador debe efectuar la comunicación de la invención a la empresa. En caso contrario, pierde cualquier derecho a una compensación económica.  Por otra parte, será nula toda renuncia anticipada del trabajador a este derecho.

En el caso de profesores universitarios, se les reconoce el derecho a una parte de los beneficios obtenidos por la Universidad con la patente, que vendrá determinada por los Estatutos de la Universidad. Normalmente, un tercio para la Universidad, un tercio para el inventor y otro tercio para el departamento donde funge el inventor. Similares derechos se reconocen al personal investigador de los organismos públicos de investigación.

El Anteproyecto de Ley de Patentes mantiene esta tipología de invenciones laborales, cambiando solo trabajador por empleado. Incluso la numeración de los artículos es la misma (15,16 y 17). Eso sí, acompaña cada tipo con un epígrafe “explicativo”: “de servicio” (artículo 15), “libres” (artículo 16) y el original “de explotación” (artículo 17). Por otra parte, el Consejo Económico y Social en su informe sobre el Anteproyecto, manifiesta que:

Respecto a las invenciones realizadas en el marco de una relación de empleo o servicio, el CES quiere manifestar que el Anteproyecto en su artículo 15.2 debería expresar en positivo que el empleado autor de la invención tiene derecho a una remuneración suplementaria por su realización. El mecanismo para determinar esa remuneración suplementaria debería recogerse explícitamente en el contrato de trabajo, con el ánimo de dotar a este derecho de una adecuada seguridad jurídica y de evitar la posible litigiosidad al respecto. Asimismo, el texto legal debería recoger la posibilidad de que los convenios colectivos regulen el mecanismo de remuneración con el objetivo de otorgarle contenido sectorial.”

No estoy seguro de comprender la primera fase del párrafo (ese “expresar en positivo” cortocircuita mis neuronas), pero supongo que al CES le gustaría que la remuneración suplementaria fuera la norma y no la excepción. De hecho, esto es algo por lo que algunos como @gianlluis vienen clamando, como forma de incentivar la innovación empresarial.

Independientemente de la regulación,  algunas empresas españolas han comenzado programas para incentivar la conversión de la creatividad de los empleados en patentes. El ejemplo más representativo es el “Patent Club” de Telefónica. Desconozco los detalles económicos, pero supongo habrá contribuido a que Telefónica sea la primera empresa española por solicitudes PCT.

Eso dicen los del Patent Club

¿Y en el extranjero?

Pues por ahí fuera hay de todo. En la UE esta materia no está armonizada y cada Estado Miembro hace lo que quiere. Alemania no parece un mal espejo en el que mirarse. Allí existe una ley desde 1957 que regula las invenciones laborales y establece la obligación de compensación razonable al trabajador, según unas directrices. Fuera de Europa, en Japón los trabajadores también tienen derecho a una remuneración razonable de 1959, como veremos en el caso Nakamura. Podría decirse que esta compensación razonable obligatoria es una de las razones por las que Alemania o Japón generan muchas patentes, pero en seguida se puede poner el contraejemplo de EEUU donde hay muchas patentes sin compensación obligatoria.

El caso Nakamura

El legislador de la Ley de Patentes japonesa de 1959 se percató de los beneficios del sistema alemán que ofrecía a los empleados-inventores el derecho a una compensación económica razonable ligada al valor de la contribución del empleado y a los beneficios de la empresa.

En 1979, Nakamura comenzó a trabajar en la empresa Naichi, por aquel entonces una PYME de la isla de Shikok. En ese momento, la empresa se enfrentaba al reto de producir fosfato de galio (GaP) para su uso como semiconductor en la fabricación de LEDs rojos. Un diodo LED consiste de varias capas de material semiconductor. El color de la luz depende del material semiconductor que se use.

Más tarde, en 1988, Nakamura comenzó a investigar cómo producir LEDs azules. Al entrar en la década de los 90, se habían inventado ya los LED verdes y rojos, pero los azules se resistían. Por ello, todavía no se había desarrollado la iluminación por LED (la luz blanca requiere la combinación verde+rojo+azul), ni las pantallas LED. Nakamura apostó por  el nitruro de galio (GaN) y en 1990 inventó un procedimiento de fabricación de GaN de alta calidad. Naichi solicitó y obtuvo una patente sobre el procedimiento en Japón y en EEUU y comenzó la fabricación en masa en 1993. Naichi compensó a Nakamura con un pago de 200 $.

En 1997 Nakamura abandonó Naichi y en 2001 demandó a su antigua empresa porque la compensación económica no fue razonable, pidiendo una compensación de 190 millones $ en la que su contribución a la invención sería del 100% y que la patente había permitido a Naichi monopolizar el mercado. Naichi respondió a la demanda afirmando que la patente no había permitido impedir que otros competidores explotaran la invención y que la contribución de Nakamura sería como mucho del 5%, ya que la empresa soportó el riesgo asociado a la invención y pago toda la tramitación de la patente.

En 2004, un Tribunal de Tokio falló en favor de Nakamura, estimando el beneficio de Nichia por monopolizar el mercado en 1140 millones de $ y en 50% la contribución de Nakamura  a la invención (570 millones de $). Sin embargo como “solo” había pedido 190 millones de $, esa fue la cantidad que ordenó el fallo como compensación.

La cantidad parecía desorbitada. Nichia recurrió y el Tribunal Superior de Tokio recomendó a las partes que llegaran a un acuerdo en el que la remuneración fuera suficiente como para motivar a los empleados y que a la vez permitiera a las empresas sobrevivir y competir internacionalmente. En 2005, Nichia y Nakamura llegaron a un acuerdo por 8 millones $.

Este caso refleja también un cambio en las relaciones laborales en Japón, donde el compromiso empresa – empleado en el siglo pasado era de por vida (laboral) y la lealtad del empleado con la empresa poco menos que inquebrantable. En este sentido, llama la atención que Nakamura interpuso su demanda después de emigrar a los EEUU. ¿Habría interpuesto la demanda si no hubiera emigrado?

Nakamura, nacionalizado estadounidense, acaba de recibir el premio Nobel de Física, compartido con dos japoneses que desarrollaron independientemente la misma tecnología.

La evolución de la iluminación

Conclusión

Parece casi insultante compensar con 200 $ a un empleado por inventar algo que, protegido por una patente, puede generar miles de millones, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de un caso excepcional. Quizás una manera más adecuada que la actual para compensar en España al empleado sería con un porcentaje de los ingresos que la patente genere, de manera análoga a lo establecido para sus colegas investigadores en el sector público.

Se puede alegar que la valoración de patentes es complicada (pero no imposible), que no habría seguridad jurídica en cuanto al importe de la compensación (pero un país poco amigo de la incertidumbre como Alemania tiene esta regulación desde hace medio siglo) y que podría desincentivar la inversión en I+D (no parece que la regulación actual la haya incentivado).

Por último, ¿ustedes qué opinan de todo esto?

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