EUpatent: Nada está decidido, hasta que todo está decidido

Los 25 Estados Miembros de la UE (ya saben, todos menos ES e IT) que han apostado por la vía de la cooperación reforzada para dotar a las patentes europeas de efectos unitarios en su territorio, necesitan también de un sistema jurisdiccional que entienda, de manera unificada, de las cuestiones de infracción y nulidad que surjan en relación con estas patentes europeas dotadas de efectos unitarios.

Huida del derecho de la UE

En mi opinión, los Estados Miembros participantes en la cooperación reforzada están adoptando una deriva contraria a la integración europea.

En primer lugar, una patente europea con efectos unitarios dista mucho de ser un título de la UE en el sentido de las marcas o diseños comunitarios, ya que su base jurídica no reside realmente en el derecho de la UE sino en el Convenio de la Patente Europea (CPE), un acuerdo internacional por el que se crea la patente europea y la Oficina Europea de Patentes (EPO) y del que son parte Estados que no son Miembros de la UE (por ejemplo, Albania, Turquía o Suiza). Dicho de otra forma, no sería necesaria la UE para dotar a las patentes europeas de efectos unitarios en los Estados Miembros de la UE. Sí sería imprescindible la UE para crear un nuevo título de patente que se llamara “patente comunitaria” o “patente de la UE” como era el caso de las primeras propuestas (previas a la cooperación reforzada). Esto no es que lo diga yo, sino que lo dice el considerando sexto y el primer artículo de la última propuesta de Reglamento de creación (je, je) de protección mediante una patente unitaria. Además, dado que se abandonó la idea de que la UE fuera parte del CPE, las instituciones comunitarias han sido excluidas de cuestiones claves como el reparto entre los 25 Estados Miembros participantes y la EPO de los ingresos por tasas de mantenimiento de la patente europea con efectos unitarios.

De manera similar, el acuerdo para el sistema jurisdiccional y la creación de un Tribunal Unificado de Patentes es cada vez es más ajeno a las instituciones de la UE. Hemos pasado de una propuesta ambiciosa, en la que todos los Estados parte del CPE y la propia UE serían parte del acuerdo, a un “simple” acuerdo internacional entre Estados.

El último Consejo de Competitividad

Con estos mimbres, el lunes durante el Consejo de Competitividad vivimos una jornada de rumores, secretismo y conclusiones ambiguas como no se recordaba en mucho tiempo.

En primer lugar, nos desayunamos con rumores sobre el posible fin de la oposición de España e Italia al tinglado y parece que está posibilidad es más probable a corto plazo en Italia.

En otras ocasiones, las discusiones del Consejo de Competitividad han sido retransmitidas, pero esta vez han sido a puerta cerrada y sólo hemos podido ver las conferencias de prensa en la que se insistía en que se había llegado a un acuerdo practicamente total, aunque quedaban algunos detallitos como el lugar donde se ubicará la División Central del Tribunal Unificado de Patentes (+1000 M€/año para la ciudad agraciada) y se repetían los manidos mantras de la reducción del 80% en los costes y lo bueno que será todo para las PYMES.

Algunos han comparado esta reunión del Consejo de Competitividad con una cena en la que el caos reina en la cocina y cuyo anfitrión acude varias veces al salón para decir a los invitados que muy pronto una maravillosa cena estará lista.

Parece ser que 5 Estados quieren la División Central en su territorio: los 3 grandes (FR, GB, DE), NL y HU. Ya hay un acuerdo sobre la pedrea (LU tendrá el Tribunal de Apelación, un centro de formación para HU y sendos Tribunales de Mediación para SL y PT).

Resulta curioso que después de que España e Italia fueran criticadas duramente por hacer peligrar el proyecto al intentar introducir el español e italiano en el régimen lingüístico, ahora sean precisamente Alemania, Francia y Gran Bretaña, los grandes beneficiados con el sistema lingüístico, los que parecen dispuestos a tensar la cuerda todavía más para quedarse con la División Central. Si bien antes estaban unidos en el tema lingüístico, ahora no lo pueden estar. Salvo que triunfe alguna opción decente de compromiso (por ejemplo, La Haya) cabe el riesgo de que todo salte por los aires. La Ley del Embudo (lo ancho para nosotros, lo estrecho para los demás) tiene sus límites.

El Pacto de Varsovia

A todo esto la Presidencia PL ya se apresura a apuntarse tantos y a asegurar que la firma del llamado Convenio de Varsovia conteniendo el paquete EUpatent puede tener lugar el próximo 22 de diciembre. Algunos incluso temen que se trata de una cuestión de “ahora o nunca” y si no se aprueba todo antes de final de año, es posible que se devuelva todo el paquete al congelador.

Puede ser cierto que sólo falte negociar este tema, pero en la negociación de un acuerdo internacional nada está decidido, hasta que todo está decidido.

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